La cuestión de la violencia en el trabajo

Durante años vengo tratando la cuestión de la violencia en el trabajo. Fuese desde los procesos de desarrollo en los que he intervenido -individual, equipo, organización. O desde las publicaciones fruto de mi investigación.

Las formas de la violencia en el trabajo

Hay una forma de la violencia motivada por un desajuste de la persona con el rol que tiene encomendado. El desajuste suele estar en su capacidad relacional-emocional. Las empresas suelen prestar mucha atención a la capacidad técnico-científica y bastante menos a la emocional-relacional. La cuota de responsabilidad de que esta forma se propague es proporcional al nivel en la jerarquía. A mayor estatus, mayor responsabilidad.

Hay una forma de la violencia motivada por una falta de claridad e incluso de sentido en la misión asignada al rol. Metafóricamente hablando: se pone el puñal en la boca a la persona y se suelta en la jungla con la esperanza de que descubrirá su misión, de que será eficiente y exitosa. Y si deja algún cadáver, no pasa nada, siempre que sea exitosa. Hay que entender que, en ausencia de misión explícita y consensuada, cada cual la interpreta a su manera, fomentando episodios de violencia. A menor sentido compartido, mayor complejidad adaptativa.

Hay una forma de la violencia manifestada desde episodios persistentes de crisis colectivas. Son incendios que estallan por un quítame esa vaina. La energía se desparrama. La violencia recorre el grupo. En las culturas latinas somos adictos a estos incendios, nos fascina el tremendismo, las crisis paroxísticas. Los líderes a menudo sacan provecho de estos incendios para presentarse como bomberos-salvadores, o para excusar su incompetencia. A pesar de los empachos que tenemos a base de ingerir eficiencia, mi experiencia me dice que los sistemas humanos operan a menudo desde una posición subóptima. La adicción a episodios colectivos de violencia enmascara mucha incompetencia.

Hay una forma de la violencia motivada por una fractura persistente en el equipo; el equipo se fractura porque el líder orgánico no ejerce bien su rol. Hay líderes que creen obtener rentas de su equipo fracturado. Van de salvadores, se sienten imprescindibles, o usan a ciertos miembros del equipo para ir contra otros miembros.

Dedicado a Lucía, Elisa y Thais

Estas tres jóvenes entusiastas han conocido violencia en sus primeras experiencias profesionales, motivada desde un déficit de liderazgo en sus superioras. Cada una en negocios diferentes. Una pena.

No cabe quedar excusado por la observación de casos puntuales de violencia. A menudo la existencia de protocolos contra la violencia equivale a tener una licencia para matar existencialmente a un empleado, para hundir a un jóven. Los protocolos no se ocupan de la violencia colectiva. Quiero señalar con esto que la responsabilidad última por la presencia de violencia corresponde a la institución, los casos individuales son la punta del iceberg. La creación de valor está reñida con la violencia en el trabajo.