Los modelos mentales en los sistemas humanos

(este es un artículo de reflexión, te puede dormir o te puede ilustrar sobre un ámbito de la disciplina sistémica).

Los modelos mentales son la bestia negra de los sistemas humanos, están presentes en individuos y equipos, aunque hablar de ellos es como fotografiar fantasmas, nunca los vemos, de forma que acabamos nombrándolos mediante metáforas, lo que confirma nuestra dificultad para hablar de algo tan nuestro e invisible a la vez: hablamos de representaciones del mundo, de filtros, de barreras o de estructuras subconscientes. Los modelos mentales se volvieron famosos desde que Peter Senge los consideró una de las cinco disciplinas del aprendizaje de las organizaciones. Toma ya. Los modelos mentales no nos dan de comer pero nos pueden impedir que consigamos comida.

En la disciplina de los modelos mentales subyace la idea de limitación, de hándicap, de algo que nos influye y nos induce al sesgo sin que seamos conscientes. Estamos atrapados en la jaula, metidos en la jaula, con orejeras. Los modelos mentales son como un estigma, un pecado original o una tara que nos aleja de los dioses. Una de las condiciones para la generación de emergencia y transformación en los sistemas humanos es sobrepasar nuestros modelos mentales, y a otra cosa mariposa. A mí me gusta decir que los equipos constelan entre dos posiciones extremas de sentido: la posición por defecto, donde el equipo ni siquiera se da cuenta de sus propios modelos mentales; y la posición por visión, desde la que el equipo será consciente de sus demonios, al menos durante un tiempo.

¿Qué es la realidad?

No estaría de más aclararlo. El diccionario de la RAE la define como “la existencia real y efectiva de algo”, lo cual significa que ese algo se puede presentar, además de nombrarlo con una palabra. También la define como “lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio”. La realidad la confundimos a menudo con los hechos, la reducimos a la verdad y la catalogamos como “práctica”, es decir, decimos que la realidad se opone a la virtualidad, a la ficción e incluso a la teoría. El psicoanálisis se interesó mucho por el llamado “principio de realidad”.

Es el método de trabajo del YO…el principio de realidad exige la aceptación de un estado de tensión y el aplazamiento del placer de acuerdo con los requerimientos de la situación externa…a cambio, promete que dicha acción llevará a obtener un mayor placer o a evitar un mayor dolor en el futuro (A. Lowen 1985, capítulo IV).

Mi planteamiento es que la realidad es un aluvión de al menos siete sistemas humanos en interdependencia. Los humanos creemos firmemente que nuestras propias creencias son verdades. Nuestro relato de la realidad se transforma y se deforma en función de nuestro conocimiento racional, nuestra ideología, mitos, utopía, religión, conocimiento científico, tecnología, emociones o biosfera; por lo tanto, la realidad es multivalente ya que es a la vez interior y exterior a nosotros. 

Nuestra realidad puede estar impregnada de ideología o de mitos, lo cual la aleja de la veracidad. La ideología se proyecta a menudo en la utopía y se escuda en el mito. La ideología también hace decir a la ciencia lo que le conviene. La religión se puede entremezclar con la ideología para transformarse en fanatismo. La ciencia se vuelve proveedora de utopía. O la tecnología se vuelve proveedora de tecno-utopía.

En algunas culturas no hay mucho aprecio por la teoría, que juzgamos como poco práctica, desconectada de la acción e incluso como falsa con respecto a la realidad que vivimos; es decir, la teoría vendría a representar una contradicción respecto a la realidad, la teoría quedaría invalidada desde nuestra acción. Sin embargo, la teoría es un recurso para generar apertura y progreso del sistema humano. La débil conexión entre la práctica y la teoría se corresponde con una fuerte conexión entre la ideología y el mito, o entre la ideología y la religión. El mito es un recurso para generar clausura e inmovilismo del sistema humano, apoyado desde la ideología. A la ideología le interesa desclasificar mitos profanos (provisionales) para reclasificarlos como sagrados (definitivos); de esta manera se acrecienta aquello que no podemos explicar o cuestionar.

En nosotros puede darse un déficit de sinceridad y de exactitud que distorsione los hechos, o un filtro de la realidad desde nuestras creencias religiosas, ideológicas y míticas, las cuales podrían tener mayor ascendencia en nuestra percepción de la realidad que la propia teoría. Otras veces, llega a darse en nosotros una distorsión entre la verdad y la veracidad, es decir, nos atamos a la veracidad porque desconfiamos de la verdad, debido a la influencia que esta podría estar teniendo de la ideología o la religión. Hay una ideología que trata de reducir la realidad a una simple carrera de obstáculos o de pruebas a superar. Por ejemplo, las escuelas de negocios están obsesionadas con desplegar cursos a base de concatenaciones de enfoques y de técnicas cuyo principal sentido es poner obstáculos materiales a superar. Por lo tanto, los hechos pueden entrar en conflicto con la ideología, la religión, la teoría o el mito. Los deseos se pueden confundir con la realidad.

La fábrica de modelos mentales en el sector agrícola

Hace poco hablé aquí de la investigación-acción que estamos llevando a cabo un grupo mundial vinculado a la Sociedad para el Aprendizaje Organizativo (SOL); la denominamos generative aqua-agri systems and healthy food. La singularidad de nuestra iniciativa es que tratamos de aplicar el modelo de las Cinco Disciplinas de Peter Senge, incluyendo los modelos mentales, y el modelo U de Otto Scharmer.

En el sector agrícola cohabitan los siete sistemas humanos anteriores, en tensión permanente por consolidar un modelo mental que cale tanto socialmente que nos resulte invisible a la mayoría de los mortales. El mejor filtro es aquel que desconocemos que lo tengamos, como si fuera un implante.

Una hipótesis personal en esta investigación-acción es que muchos artículos, webinars o videoconferencias que apuestan por un modelo de agricultura sostenible o por un modelo de seguridad alimentaria, en verdad están nutriendo más al sistema ideología, al sistema mito o al sistema utopía que al sistema biosfera. La pandemia está incrementando el número de relatos en este sentido, poco a poco estos relatos están armando la casa al sistema mito para que este la alquile al sistema ideología. Asistía esta semana a un webinar organizado por EAT y la Fundación Rockefeller y lo mejor de la conversación sucedía en el chat, que de manera consciente fue suprimido por los responsables del canal, así solo queda la parte beauty…e inútil: https://www.youtube.com/watch?v=H–JgCgFec0 .

Otra hipótesis personal es que muchas iniciativas sobre el sistema biosfera nacen con una inquietud genuina pero acaban atrapadas en el triángulo mito-ideología-utopía, como si de una mosca se tratase. Otras tantas iniciativas vinculadas al sistema biosfera tienen la fantasía de masas apoyándose en la capacidad de convocatoria de las redes sociales, sin darnos cuenta de que las redes sociales aceleran la difusión y democratización pero también aceleran su mutación hacia la realidad del triángulo.

¿Qué tiene que suceder para que el sistema biosfera no quede secuestrado por los otros tres sistemas? ¿Qué creer de los relatos sobre sostenibilidad y sobre seguridad agrícola promovidos por grandes marcas y redes de interés? ¿Qué visión colaborativa nos evitaría quedar atrapados en un modelo mental que nos hace creer que somos más libres, que estamos más seguros y que es lo mejor para la biosfera?

Los modelos mentales y el ecosistema de la realidad

Aunque ningún autor acude a estos siete ecosistemas de la realidad para ayudarnos a comprender nuestros modelos mentales, creo importante resaltar las dimensiones y operativa clave de cada sistema porque dicen algo de nosotros. Invito al lector a filtrar algunos conceptos muy actuales a través de algunos o todos los sistemas (ej.: desarrollo sostenible, pensamiento sistémico, complejidad, responsabilidad social, eco).

El sistema religión

El sistema religión nos sitúa en el ámbito de lo sagrado, el dogma y la fe. También nos sitúa en el tiempo especial del recogimiento y la espiritualidad. O en el tiempo especial de nuestro encuentro con nuestra comunidad, por eso la religión es una forma de representarnos la relación. La fe es proveedora de sentido, uno “cree que” o “tiene esperanza de”. Este sistema nos acerca al discurso prometeico del sistema utopía. Y nos acerca al discurso sagrado sobre el origen y el destino de la vida, que ya están presentes en el sistema mito. Desde el sistema religión podemos escorarnos del lado del sistema ideología cuando caemos en el fundamentalismo o el dogmatismo.

Podemos considerar el tiempo religioso como fundacional, es decir, como fuente de todo lo demás y por lo tanto como inmutable con el paso del tiempo; esta interpretación diferencia el sistema religión de los demás sistemas sociales y le otorga la condición de sistema cerrado, es decir, que no está sometido a las influencias externas y por lo tanto que no va a evolucionar. Alternativamente, podemos considerar el tiempo religioso como parte del llamado tiempo histórico[1], es decir, como un sistema social abierto a influir en los demás sistemas sociales y también a recibir influencias de éstos.

Cinco son las palancas constitutivas del sistema religión: el héroe fundador y su comportamiento prototípico (ej.: Jesucristo), el ritual y todo su despliegue simbólico (ej.: misas, procesiones, etc.), el mito o relato teológico fundacional (ej.: el nuevo testamento, el evangelio o despliegue de comportamientos fundacionales, la transformación sucesiva de hechos históricos reales en relatos míticos), la norma ética o moral y su carácter prescriptivo (ej.: los diez mandamientos), la organización terrenal (ej.: el líder mediador entre lo divino y lo humano, la estructura eclesiástica, la infra-estructura física, la estructura político-económica, etc.).

El sistema mito

El mito es un recurso de nuestro imaginario asentado sobre un esquema temporal repetitivo y por tanto cíclico; es por ello un sistema social basado en una narrativa recurrente fruto de una temporalidad recurrente, lo que comúnmente entendemos como “dar vueltas en redondo” o «dar vueltas alrededor del tiesto». Un primer constituyente del sistema mito es que este se cala sobre nuestra estructura repetitiva del tiempo: la temporalidad mítica es esencialmente circular. El mito representa el relato repetitivo de las verdades primeras de la vida (fundacionales), o el de las verdades finalistas (últimas), lo que significa que el sistema mito explica pero no puede ser explicado, lo que hace que nos situemos en el ámbito de lo sagrado, es decir, de aquello que nos representamos como inexplicable e incuestionable, y por lo tanto de aquello que no se puede superar. Desde el sistema mito nos generamos unidad, coincidencia e identificación.

El universo de lo inexplicable e incuestionable por los humanos hace que el sistema mito sea a menudo la pareja de hecho del sistema ideología, al que da cobertura. El mito viene a imponer una especie de tope o límite (sagrado) a nuestra crítica y capacidad de explicación. Todo aquello que desde el sistema ideología no queremos explicar como parte de sí misma, y por lo tanto como parte de un sistema profano de dominación y control, lo ponemos en manos de la explicación sagrada del sistema mito, el cual se presenta como un disfraz para disimular la ideología. Cada vez que desde la ideología acudimos a la simbólica del mito lo hacemos para preservar el inmovilismo y statu quo en las relaciones, y por lo tanto para preservar el sistema de dominación político-social vigente.

Un cambio sistémico siempre se acompaña de un cambio de/en el sistema mito, los límites se mueven. El pensamiento ilustrado catalogó desde su infancia al mito como una fantasía, una ficción o una forma empobrecida de razonamiento. Cuando el pensamiento ilustrado nació, el sistema mito ya era mayor de edad y tenía su cuota de mercado. Las componentes animistas que seguían presentes en nuestras sociedades cedieron progresivamente su plaza al argumento de la verdad racional. Hoy diríamos que nuestras sociedades “entraron en razón” o “se avinieron a razones”. Entendió el pensamiento ilustrado que su misión era (en gran parte) la desmitificación del mundo. Esto pasaba por un proceso de “desencantamiento” de la naturaleza y de “reencantamiento” de la realidad social y de la potencia de la verdad racional presente en el sistema ciencia. El contacto afectivo directo con el mundo cedió su espacio a la razón calculadora, la eternidad cedió su espacio al tiempo, y el tiempo “primordial” propio del sistema mito cedió el suyo al tiempo medible. El deslinde que introdujo el pensamiento ilustrado desplazó el sistema mito del lado de la fábula y la falsedad, y puso a la razón del lado de la realidad y la verdad.

La razón y la verdad son constituyentes claves del sistema ciencia. Sucedió que la razón se volvió omnipotente. Su absolutismo y prepotencia la llevaron a mitificarse a sí misma, es decir, a caer en la misma trampa que la que reprochada al sistema mito. Basta con asistir a ciertos foros de científicos o de tecnólogos para darnos cuenta de los orgasmos míticos que se producen, hablando sobre las posibilidades infinitas que encierran el sistema ciencia y el sistema tecnología (Ej.: la innovación como mito).

Desde el discurso mítico nos insertamos en nuestra concepción tradicional, repetitiva e iterativa del tiempo. El discurso mítico es tal porque adopta la estructura secuencial de nuestro lenguaje, y cambiar los contenidos de nuestra narrativa es más fácil que cambiar nuestras formas de hacer. El sistema mito tiene como función poner orden en nuestro tiempo, que sentimos que se degrada y nos acerca a la muerte; una empresa que repite el discurso del cambio o de la innovación no es necesariamente una empresa que (se) cambie o que promueva el cambio, detrás de una acumulación de discursos repetitivos no existe necesariamente innovación sino mito.

Los miembros de la empresa no suelen ser conscientes de todas las derivaciones de esa recurrencia narrativa. Desde el sistema mito nos generamos un comportamiento de clausura con respecto a nuestro entorno, a la vez nos protege y aísla. Un efecto derivado del mito es su rol inhibidor de innovación y de apertura a nuevas formas vitales, nuevas relaciones funcionales. Asumiendo que la empresa aspire a ser en el futuro la principal generadora de significados sociales, necesitaremos un proceso de prospección de nuevos relatos míticos capaces de alimentar el imaginario colectivo en años venideros. Cabe imaginar que el vacío que se crearía por el agotamiento de los relatos míticos en vigor generaría una búsqueda para copar y ocupar el imaginario colectivo. Internet puede llegar a ser un catalizador del imaginario colectivo, lo que haría que cantidad de reivindicaciones individuales y prospección de fantasías colectivas encontrasen eco en la red. Si Internet se convierte en la plataforma del imaginario colectivo, los relatos míticos devendrán sociales, uniendo a empleados y ciudadanos de distintas confesiones y naciones.

El sistema utopía

Desde una interpretación funcional, el sistema utopía funciona como potenciador de nuestra imaginación, para darnos ilusión y esperanza en un mundo incierto. La utopía significa nuestra legítima aspiración a la dignidad merecida, está muy vinculada a nuestra aspiración de salvación, y nos une a todos desde un tiempo idealizado. En términos de equilibrio, esta versión de la utopia puede ser futurista y prometeica, generando apertura y confianza en nuestras posibilidades. Por ejemplo, hoy día creemos en la tecno-utopía, es decir, en las posibilidades redentoras que encierra la tecnología, especialmente la tecnología digital. Alternativamente, la utopía también puede ser nostálgica porque entienda que nuestra fuente de inspiración está en el pasado, cualquier tiempo pasado fue mejor.

El concepto de utopía es, en todas las épocas, una variación sobre un presente ideal, un pasado ideal y un futuro ideal, y sobre la relación entre los tres (G. Claeyis 2011: 7).

Tanto si nuestros ideales están en el pasado, en el presente o en el futuro, el concepto de utopía tiene a menudo cierta influencia en nuestra manera de entender dicho ideal (G. Claeyis 2011: 8).

Con su reflexión sobre la utopía, el historiador G. Claeyis nos recuerda que la cuestión de la incertidumbre no es reciente en nuestras vidas tal y como se nos hace creer. No es por lo tanto una característica específica de la economía mundializada que vivimos. La incertidumbre es una fragilidad existencial que los humanos venimos tratando de resolver también con los mitos, las religiones, las ideologías, y más recientemente con el racionalismo cuantitativo aplicado a los negocios.

Con el antropólogo F. Laplantine pasamos de una representación de la utopía nutriente de sueños y aspiraciones, al de la utopía entendida como organización social diseñada matemáticamente. Para este antropólogo la utopía no es tal porque haya una promesa de un futuro redentor que acabará recompensando nuestro esfuerzo y entrega presente. No hay una tierra prometida.

La utopía es la construcción matemática, lógica y rigurosa de una comunidad perfecta, sometida a los imperativos de una planificación absoluta que ha previsto todo de forma anticipada y no tolera el mínimo fallo ni cuestionamiento (F. Laplantine 2010: 255).

Esta segunda versión de la utopía es presentista a tope, describe la vida del sistema social cuando como comunidad rozamos el mundo perfeccionado. El mundo que relata esta posición del sistema es más bien un mundo racionalista, determinista y cuantificable, tal y como se fantasea desde la ideología economicista. La comunidad se instala en un presente definitivo que hace innecesario el futuro y anula la aspiración espiritual del individuo. Ni siquiera necesitamos soñar, basta con que trabajemos mucho y consumamos en consecuencia. La experiencia y la memoria del pasado tampoco son necesarias. La institución ya sabe lo que el individuo necesita y se ocupa de ello sin ni siquiera consultarle.

La mayoría de las utopías actuales se sitúan en el ámbito de la temporalidad. Están más impulsadas por la exaltación de la economía y nuestro anclaje en las organizaciones, que por la exaltación política y nuestro anclaje en los territorios. Ya no hay territorios utópicos a conquistar. Por otro lado, el nacionalismo se hace innecesario en un mundo supra-nacional (ej. La Unión Europea) y globalizado (ej.: tratados de libre comercio).

El sistema ciencia

Desde sus orígenes, la ciencia se situó cerca de los hechos y de los juicios empíricos y pretendió excluir los juicios de valor e incluso los éticos; la ciencia se puso del lado de los hechos y descartó sobre todo el sistema ideología y el sistema religión. Desde la ciencia buscamos la luz en la oscuridad, su finalidad primordial es explicar y demostrar, desplazando las fronteras de nuestra ignorancia, o las de nuestras certezas y nuestras verdades. También nos situamos cerca de la verdad porque representa nuestro poder de mejora racional y de superación del presente. La búsqueda de verdad, desde el conocimiento, nos ayuda a definir el bien futuro. La teoría científica, como palanca de la ciencia, instiga en nosotros el pensamiento crítico de manera a inducir un progreso de nuestro conocimiento, desde la interrogación, la conceptualización, la experimentación y la demostración. El problema con el sistema ciencia es la torre de babel que se acaba formando entorno al conocimiento. La especialización y la tecnificación del conocimiento pueden ser tales que progresar a través de los universos y lenguajes de las diversas ciencias se vuelve un deporte de alto riesgo.

A lo largo de la historia, tanto desde el sistema ciencia como desde el sistema tecnología venimos manteniendo equilibrios y compromisos extraños con el sistema ideología, el sistema utopía o el sistema mito. Por ejemplo, desde el sistema ciencia llegamos a dar cobertura científica a lo que en verdad es una ideología. Otro ejemplo, desde el sistema ciencia por momentos tenemos la ambición absolutista de convertirlo en el modelo sobre el que articular todas las relaciones sociales: el cientifismo es el gobierno del mundo en nombre de la ciencia. El cientifismo es una deriva ideológica.

La ciencia física nos dice que nos encontramos “dentro” del espacio y del tiempo. Este bonito eufemismo sirve para recordarnos que podemos movernos en el espacio pero no podemos movernos en el tiempo, podemos dar la vuelta al mundo en un crucero pero no podemos viajar al futuro. Asociamos más nuestra libertad con nuestra capacidad para colaborar con un colega en Noruega que con nuestra capacidad para vislumbrar qué nos depara el futuro. La ciencia física busca a desarrollar leyes universales, es decir, que tengan la misma validez en el futuro que la que tienen en el presente. En el eco-sistema social no tenemos porqué obsesionarnos con buscar leyes universales; de hecho, la obsesión por la ley universal, absoluta y definitiva sitúa nuestros planteamientos más cerca de la doctrina.

El sistema ciencia está muy vinculado a nuestra temporalidad historicista[2]; por ejemplo, la innovación científica se inserta en nuestra concepción moderna, progresista y lineal de la temporalidad. En ella entendemos que el pasado no es como el futuro, se da una asimetría entre ambos, con lo que conlleva en términos de cambio y progreso en nuestras vidas. El futuro representa una progresión nuestra con respecto a nuestro pasado, llegar al futuro los primeros nos redime y nos pone en contacto con la fantasía de inmortalidad. La ciencia está estrechamente conectada con la innovación. Innovar constituye una forma de marcar nuestro tiempo lineal con hitos que nos aportan sentido de progreso, de avance; al revés, la ausencia de innovación nos encierra en un tiempo tedioso, aburrido y repetido. A pesar de que, “la innovación” y “el mito sobre la innovación” son procesos de vida muy diferentes, ambos cumplen la misma función de “poner orden” en un tiempo que sentimos que se degrada poco a poco hacia la muerte.

Cuando innovamos, o comunicamos sobre innovación, tenemos mayor sensación de dinamismo del tiempo, algo parece que se mueve, algo nos dice que avanzamos más rápido. La innovación legitima nuestro quehacer ajetreado en esta vida, expande nuestro tiempo, nos abre nuevas oportunidades y nos acerca a la trascendencia, al sentimiento de libertad. La narrativa de la innovación nos hace fantasea con que que ya hemos abandonado definitivamente el presente y ya estamos en el futuro, como si de dos pueblos se tratase, nosotros ya conocemos la luz mientras que los demás siguen en las cavernas, llevamos un pueblo de ventaja a nuestros seguidores inmediatos, hemos sabido sobreponernos a la gravedad y elevarnos mejor que los demás, hemos sabido superarnos, anticiparnos a lo nuevo que ya es mucho decir. El mundo de la ciencia y la tecnología se apoyan mucho en estos discursos míticos.

El sistema ideología

La ideología se puede entender como una aberración de la racionalidad funcional. Es una especie de raquitismo racional o de minusvalía teórica cuyo síntoma es la ausencia de sentido crítico y por lo tanto la ausencia de distancia (o de elevación) del observador respecto a la realidad profunda que subyace. La ideología cumple una función de ligazón y de generación de unidad (contacto de cada Uno con el Todo). Con la progresiva especialización del conocimiento y de los roles sociales, la unidad está rota. Esta función de identidad y de unidad que llevamos a cabo desde la ideología es la que otrora cumplían los mitos. La diferencia está en que el sistema ideología lo experimentamos desde el ámbito profano, es decir, desde lo que podemos cuestionar, interrogar y explicar, mientras que desde el sistema mito pretendemos transportarnos al ámbito de lo sagrado, lo incuestionable o lo que no podemos explicar, y menos aún superar.

El sistema ideología nos sitúa en el ámbito de las convicciones, de los absolutismos y de los puntos de arranque de todo lo demás. Nos permite una relación social desde una reducción y una simplificación de la teoría. Es un sistema para justificar y legitimar determinadas relaciones y decisiones político-económicas. Desde el sistema ideología, los humanos subvertimos el sistema ciencia, el sistema tecnología o el sistema biosfera en aquello que nos conviene. Los manipulamos para someterlos a nuestros intereses.

La ideología es como un gran mercado de trueque entre libertad y seguridad: ofrecemos lo uno, predicando que ofrecemos lo otro. Desde el sistema ideología nos manejamos en el ámbito de lo profano, es decir de lo que podemos cuestionar, explicar y mercadear; por ello aparece vinculada a lo económico, lo político y lo programático. Mantiene una función de vecindad y de equilibrio con los elixires y aromas sagrados que provienen del mito, y con la promesa que envuelve a la utopía. Todos los programas políticos son prometeicos.

La ideología cumple una función holista, es decir, genera unidad identificativa. El mundo se divide ideológicamente entre los que votan carne y los que votan pescado. Los demás (vegetarianos, veganos, dietéticos, celíacos, etc.) son partidos minoritarios sin representación parlamentaria significativa. Bestias exóticas del escaparate de la diversidad de representación democrática de las ideas. Una interacción sospechosa es la que viene manteniendo la economía y la ideología, con las ambiciones absolutistas de la economía que hacen que hoy día usamos la incertidumbre y la complejidad como arma ideológica, o que hacen que se imponga la ideología de la no-ideología.

El sistema tecnología

El especialista en tecnología digital J. Lanier señala seis patrones que nos instalan en el totalitarismo cibernético[3] (TC):

  • Los patrones cibernéticos de la información se vuelven los más apropiados para comprender la realidad. Una razón crítica es que están impulsados por el ego, al menos de momento. Desde el TC, la llamada cultura se convierte en memes autónomos que colonizan el espacio cerebral y que pretenden comprender el mundo mejor que el humano.
  • Las personas funcionamos esencialmente desde patrones cibernéticos. Nuestra fantasía superior es generar una “inteligencia artificial” autónoma y capaz de reproducirse. Esto significa que los ordenadores se vuelven tan amigables como para diseñar sus propios substitutos. Nuestra fantasía respecto a la creación de “sistemas expertos” o “inteligentes” es que somos más inteligentes cuando en realidad esto sucede a cambio de nuestra evolución hacia seres más estúpidos.
  • La experiencia subjetiva no existe o tiene un impacto escasamente relevante. Los ordenadores, los genes y la economía son no-humanos o meta-humanos que pululan nuestro mundo.
  • Aquello que Darwin describió sobre la biología y las especies se corresponde igualmente con la descripción singular y superior de la creatividad y la cultura ¿Llegarán los sistemas cibernéticos a ser lo suficientemente inteligentes y creativos como para regenerarse a sí mismos y generar un mundo pos-humano?
  • Los aspectos cualitativos y cuantitativos de la información serán acelerados desde la ley de Moore[4].
  • Tanto la biología como la física se fusionaran con las ciencias computacionales[5], convirtiéndose la primera en bio-tecnología y la segunda en nano-tecnología, elevando el software a la categoría de naturaleza, transformando de esta manera la condición humana. Este último patrón significa que los algoritmos toman el control sobre la vida y sobre la física, hasta el extremo de volverse completamente autónomos.

El sistema biosfera

Este es el sistema más relevante, sobre el que supuestamente estamos muy preocupados y que sin embargo mantenemos más subordinado a los demás sistemas. Por un lado mostramos seria preocupación por la evolución de las condiciones para preservar vida diversa en el planeta; por otro lado, los sistemas mito, ideología y utopía cooperan de manera activa para atrapar todas las iniciativas en una especie de burbuja.

*****************

[1] Pedro Gómez García; Enfoques sobre el origen y la evolución de los sistemas religiosos, Gazeta de Antropología, 2015, http://www.gazeta-antropologia.es/?p=4701.

[2] Historicista significa “cambiante con el paso del tiempo”.

[3] http://edge.org/conversation/one-half-a-manifesto. Propósito recogido y traducido el 28/04/2014.

[4] Los ordenadores mejoran y se vuelven más económicos de manera exponencial.

[5] Engloba desde las herramientas de diseño y programación, hasta sus productos –motores de búsqueda, inteligencia artificial, realidad virtual, Web 2.0 o de interfaz usuario- y sus aplicaciones económicas y sociales tales como animación por ordenador, videojuegos, cibernube, redes sociales, management 2.0, o Wikipedia.