La complejidad

La complejidad se ha vuelto material de postureo para unos, licencia de manipulación y de abuso de poder para otros, o propuesta de valor excepcional para otros más. Hoy día no es necesario llamar tonto a alguien, basta que le sugieras que es normal que no se entere porque la realidad a su alrededor es compleja. Con este argumento, el otro queda desclasificado.

Cuando intervengo en coaching directivo, en acompañamiento a un equipo, o en una transformación del negocio, trato de entender aquellos comportamientos, decisiones, conversaciones, hábitos o prácticas que dificultan la adaptación y la competitividad del sistema. Siendo el sistema competitivo, también trato de entender aquellos comportamientos, decisiones, conversaciones, hábitos o prácticas que obstaculizan el sentido de realización en las personas o la eficiencia en los equipos.

Dinámicas que contribuyen a la complejidad

Un organigrama matricial con un equipo directivo fracturado añade complejidad, la ambigüedad en los mensajes o en las decisiones de los líderes también añade complejidad, y por supuesto añade complejidad la tendencia del líder supremo a situarse en el origen y en el final de todos los intercambios y decisiones, como la incrementa la multiplicación de correos y de conversaciones de mala calidad, o la disfuncionalidad de unos y de otros en el ejercicio del rol profesional encomendado (ej.: las relaciones de poder, la corrupción, la humillación, el déficit de autoridad, el déficit de autocontrol o el de escucha, etc.). Todas estas dinámicas humanas contribuyen a la llamada complejidad, entendida en este caso como la dificultad de las personas y de los equipos para adaptarse.

La sencillez es la vía real

Mi propósito no es ayudar al directivo a gestionar la complejidad, lo cual resultaría pretencioso. Mi propósito es ayudar al directivo, al equipo y al negocio a reducir la actual complejidad y a caminar hacia la sencillez, trabajando en un propósito común para que la anhelada adaptación sea posible.

La sencillez es la vía real para abordar la complejidad. Tal propósito no es posible si yo sobre-prometo, porque el camino de la sencillez también requiere un esfuerzo de aprendizaje, que corresponde al cliente.