El presente y el futuro compiten

En el negocio decimos que competimos en el presente y que anticipamos el futuro. Nunca representamos nuestro presente compitiendo contra nuestro futuro, sería como autoflagelarnos. Invertimos poco presupuesto en nuestro futuro bajo pretexto de que el presente nos come, de que estamos muy ocupados o de que tenemos mil cosas por hacer.

Anticipar nos exige mayor exigencia y autocontrol, nos obliga a ordenar nuestras conversaciones y nuestras acciones, nos conduce a mayor interdependencia. Preferimos correr tras las urgencias.

El presente permanente o la vida just-in-time

Cuando vivimos en el presente permanente, los acontecimientos inmediatos experimentados, las dificultades inmediatas vividas, o las palabras inmediatas escuchadas son inoculadas de manera inmediata en nuestra conversación creando escaladas de sobreactuaciones, sobrereacciones o conversaciones que se mueven al azar. El estilo de vida just-in-time es así. A eso lo llamamos vivir en el día a día.

Sin anticipar de manera colectiva el futuro nos sabemos si nuestro presente nos amplia o nos estrecha nuestro horizonte. Vamos a ciegas. El acontecimiento inmediato nos obnubila. Y como somos muchos caminando en la misma dirección nos creemos que tenemos las ideas claras. En las culturas oportunistas la urgencia colectiva se gestiona desde el sálvese quien pueda.

El futuro como condición necesaria para anticipar en nuestro presente

Percibimos el futuro como una extensión progresiva y natural de nuestro presente, no como una condición necesaria para anticipar en nuestro presente. Este es uno de los sesgos de la masificación del discurso sobre la innovación. Ningún futuro nos informa del colapso al que nos exponemos si continuamos actuando de esta manera en nuestro presente. La gestión de lo urgente y lo obvio nos excusa para no pensar en lo importante.

Nuestra visión ego-centrada (nosotros en el mundo) predomina sobre la visión eco-centrada (el mundo en nosotros). El futuro rara vez lo representamos colectivamente desde formas y relatos que compiten, sino desde el relato just-in-time  del presente permanente.

Futuros que compiten

Para que el futuro sea considerado una semilla valiosa del presente, los miembros del equipo o de la comunidad tienen que conversar para hacer emerger futuros que compiten. El futuro imaginado tiene que inspirar el presente real, aportando un verdadero sentido de aprendizaje y de visión compartida.

En su momento escribí sobre el escenario de la muerte del negocio, como posibilidad real de que nuestro mercado entrase en crisis sistémica e incluso desapareciese. Entonces parecía un relato ficción. Ahora no.